No sé que duele más
Paciente mayor, hipertensión severa de larga data. Sufrió un accidente cerebrovascular mientras dormía. Posibilidad de recuperación escasa con probables secuelas motoras y neurológicas. Por ahora solo hidratar con suero. Continuar con la medicación habitual. Observación y espera. Disponer personal de enfermería para cumplir las indicaciones y mantenerla confortable. Pasemos al próximo.
Una mujer yace inmóvil, en un coma aparentemente irreversible, tras un accidente cerebrovascular. A su lado, una joven enfermera comienza a leer los escritos que la paciente guardaba entre sus pertenencias. Así se abre un contrapunto entre dos voces: la memoria de una juventud apasionada, atravesada por el deseo, la militancia, la fe y el desencanto de la adultez; y la mirada íntima de quien la acompaña en el tramo final, enfrentando sus propias culpas y aprendizajes.
En el umbral entre la vida y la muerte, el cuerpo calla pero la palabra persiste; es la memoria encendida en la escritura que se alza por encima del silencio y revela lo que aún duele: la pérdida, la vejez, el amor, la fugacidad del deseo.
Esta novela es una vigilia íntima donde la sombra se abre a la luz de lo que no se resigna a desaparecer.
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